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miércoles, 4 de noviembre de 2009

Anécdotas de Nueva Carteya I. "El hombre volador".


Comienzo con ésta una serie de anécdotas verídicas de mi pueblo. De alguna he sido testigo y otras son “oídas de oídas”. En cualquier caso, todas ellas carteyanas de pura cepa y repletas de buen humor.

Los nombres que usaré son todos falsos y si por azar alguien se sintiese aludido, sepa que es pura coincidencia, pues de algunas historias, sobre todo las más antiguas, conozco “el pecado, pero no el pecador”.



El hombre volador

A eso de las diez de la mañana, recién acabado el bocata del desayuno, echó mano Juan a la pila de mezcla.


Andaba el hombre con aquello de “que se cree el cemento que no hay agua… que se cree el agua que no hay cemento”… y tan enfrascado estaba en conseguir la proporción óptima, que no se percató de la llegada de un señor muy trajeado a la obra.



-Buenos días. ¿Está el encargado?




Juan, que cuando veía llegar a “un trajeao” salía siempre por pies, en esta ocasión no tuvo tiempo, y mucho se temió que pudiese estar en un lío, pues su situación laboral en aquella construcción no estaba regularizada (vamos, que tenía menos papeles que una liebre).




-Buenos días nos de Dios. ¿Pa qué lo quiere?- Contestó Juan con calma.




-Inspección de trabajo- Replicó el inspector con toda la seriedad del mundo.


-¿Usted no ha visto nunca a un hombre volar?




Sin mediar más palabras, soltó Juan el escardillo sobre la montaña de mezcla y comenzó a dar vueltas alrededor de ella, dando saltitos y agitando los brazos cual pajarillo.
Después de rodearla varias veces, y ante la atónita mirada del funcionario, paró en seco y saltó sobre el cemento fresco con sus katiuskas, chapoteando repetidamente y salpicando el impecable traje oscuro del otro.
Acto seguido se apeó con otro salto del montículo de mezcla y “retomó el vuelo”, salió por la puerta de la obra y se perdió calle abajo aleteando desenfrenadamente.




De todo esto había sido testigo desde arriba el encargado, que dadas las circunstancias, bajó algo apurado.


-Buenos días. ¿Qué desea? -Dijo el encargado.




-Buenas… pues mire, es que había aquí un hombre…




-¿¿Quién, ese?? ¡Bah! No le haga usted caso, que es el "tonto el pueblo" y le ha dao por venir to los días a remover la mezcla. ¡Y es que no hay quien se lo quite de encima! Pobrecito… nosotros lo dejamos hacer pa que se entretenga.

Adelaida Ortega Ruiz.

19 comentarios:

  1. Donde esté el ingenio andaluz ya se pueden borrar los sucedidos de los restantes habitantes de España.

    Muy bueno, Adelaida.

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  2. jjjjaaaa. maravilloso Adelaida. Como siempre es divertido pasear por tus historias tan reales. Porque llevas muchisima razón, hay gente de son capacez de volar cuando ven a un traje con corbata acercarse a una obra. Enhorabuena por estas elocuentes palabras que nos sumergeran en muchas anegdotas de nuestro querido pueblo. Kuidate que llega el frio, aunque más bien habrá que sacar el bañador. jajajaja. Hasta otro ratico.

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  3. mira que da gusto saber engañar a un inspector....y quedarse tan pancho...
    Muy buena salida,
    donde las "haiga",
    mi querida Adelaida.
    Muasssssss.

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  4. Wop!
    Ya le has jodido el invento a algún que aotro empresario.
    No está mal tu nueva imagen, no está mal. Mejor que la anterior, a mi parecer.
    Observo cómo crecen, día a día, tus seguidores. Me alegro.
    Muy simpática la serie de las anécdotas que prometes.
    Un beso.

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  5. Hola Adelaida, bonita dejaste tu casa.

    ¿Anécdotas carteyanas? Ahí tendrás un buen filón.
    La primera, muy buena.

    Besos.

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  6. Cierto es, señor Tellagorri, que el ingenio es un arma valiosísima en todas las cosas de la vida, y por mi tierra lo hay en abundancia, pero yo creo que esta graciosa picaresca es muy española, y por lo general, aflora con más fuerza en situaciones de dificultad, como le pasaba al lazarillo de Tormes.

    Me ha alegrado mucho verte asomado a mi ventana.
    Un cordial saludo.

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  7. Hola Paco.
    ¿No conocías esta anécdota?
    A mí cuando me la contaron no podía parar de reir, y aunque no está bien engañar al fisco de esa forma, no pude menos que admirar al ingenioso Juan, por tamaña salida.

    Un beso.

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  8. Hola Ana.
    Pués ya ves... hay gente pa to.

    Un beso.

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  9. Hola Pepe.
    Bueno... los seguidores van creciendo poco a poco, pero sobre todo me alegra que son buenos y atentos amigos.

    A mí también me gusta cómo ha quedado mi blog. El anterior ya sabes que lo hice con total inexperiencia. Ni siquiera había visitado otros blog, y me salió lo primero que salió.

    Bueno, ahora me voy esmerando, a medida que aprendo cómo funciona esto, aunque no veas el montón de tiempo que se va con cada detallito.

    Tienes razón... me parece que le he jodido el invento a otros empresarios.

    Aunque si los inspectores no se enteran del truco, los obreros siempre pueden salir volando. je je.

    Un beso.

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  10. Sí Elena, haberlas hailas, aunque no creas que conozco demasiadas.
    En los próximos días le pediré a las personas mayores que conozco, que me cuenten otras anécdotas verídicas de nuestro pueblo.
    Esto puede ser una recopilación histórica de "casos y cosas de Nueva Carteya". jajaja.

    Besazo.

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  11. Me a encantado la historia Adelaida , sinceramente a veces del que menos te esperas , es más listo que nadie y te la dan jaja

    Y el cambio del blog genial !!

    Un fuerte abrazo guapa.

    Besitos!!

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  12. Divertidísimo, Adelaida. Para ser 'el tonto del pueblo' demostró tener mucho ingenio.

    Espero leer muchas más anécdotas de nuestro pueblo :)

    Un abrazo

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  13. Así es Vicky, sobre todo porque con esas personas cuyo aspecto te indica otra cosa, bajas la guardia y te la pegan seguro.

    Este hombre fue más listo que el inspector haciéndose pasar por tonto.

    Me alegra que te guste la remodelación de mi blog.

    Un beso.

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  14. Mari Carmen, las leerás seguro.

    Las iré narrando poco a poco.

    Un saludo.

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  15. ¿Y coló? desde luego por imaginación habría que darle papeles, pero en el teatro.

    Un saludo

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  16. Desde luego Capitán, imaginación y arte que tenía el hombre, pero sobre todo nervios de acero.
    No me veo yo huyendo así de una inspección de trabajo, por buena actriz que sea.

    Un saludo.

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  17. Jajaja, buenísimo, y práctico e ingenioso.

    Besos.

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  18. La verdad es que sí. Yo me quedé admirada cuando me lo contaron, aparte de reirme un buen rato.

    Besos

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  19. Como no había leído las primeras anécdotas de de tu pueblo hoy he empezado a leerlas, y la primera es muy buena, se me viene a la mente a un amigo mío que le paso por el estilo, pero ese no voló, ese corría por encima de las vigas como decimos aquí, como un galleguito, para la otra azotea que estaba al lado de la obra..Un saludo TONY….Voy como las sevillanas por la segunda… jejeje

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