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viernes, 4 de junio de 2010

¡Mierda, mierda y mierda!

Nunca creyó en gafe ni superstición alguna. Le causaba risa la gente que se preocupaba cuando se rompía un espejo, cuando se derramaba la sal o cuando se cruzaba un gato negro. Se burlaba de las  madres que ponían a sus bebés una prenda del revés o le prendían en la ropita una cruz de Caravaca para prevenir el mal de ojo. Por eso aquella tarde al salir del trabajo, quiso demostrarle a su compañero Carlos que todas esas creencias eran mera superchería.
-Fíjate Carlos: ¿Ves aquella escalera apoyada en la pared? Voy a ir hasta allí expresamente para pasar por debajo.
Luego llegó a casa, cenó, vio un poco de tele y se acostó temprano.
A las 7:40 de la mañana abrió los ojos y miró el despertador. ¡No podía ser cierto! Tenía que haber sonado a las 7 en punto, pero por alguna extraña razón el reloj permaneció mudo.
¡Mierda!
Corrió como el rayo. Sólo tenía 20 minutos para llegar a la oficina, así que tuvo que dejar de lado la ducha matutina, el afeitado, el desayuno y hasta lavarse los dientes.
Se puso a toda prisa su traje gris oscuro y su mejor camisa; quería causar buena impresión en la reunión aquella mañana, porque si gustaba su proyecto tal vez cayera ese ansiado ascenso que esperaba desde hacía tiempo…
Bueno… Metería la maquinilla de afeitar en el maletín y se afeitaría en el lavabo de la oficina.
Bajó al garaje y… ¡Mierda! El coche no arrancaba. ¿Cómo podía sucederle todo precisamente hoy?
Abrió el capó y se asomó a ver qué demonios pasaba allí dentro,  pero tuvo buen cuidado de apoyar su corbata de seda amarilla sobre su hombro. Por nada del mundo quería manchársela.
El nivel de aceite estaba bien, el agua correcta…  y la corbata resbaló. ¡Mierda!
Bueno… mantendría la chaqueta abrochada para no dejar ver la mancha. ¡Todo tenía arreglo!
Salió a la calle apresuradamente.  Llovía de forma torrencial. Se quitó la chaqueta y la echó sobre su brazo con cuidado; no quería que se mojara. Tendría que correr hasta la parada del bus. Hacía años que no lo cogía y ni siquiera sabía qué línea iba hasta su empresa.
¿Quién le habría mandado a él borrarse del gimnasio? Llegó a la parada con la respiración entrecortada, la lengua fuera, la camisa transparente de agua y adherida al cuerpo y el largo mechón de pelo, que siempre colocaba estratégicamente sobre su calva, descolgándose ridículamente hasta la altura del hombro.
Sólo faltaban 5 minutos para las 8 de la mañana y si no ocurría un milagro, sería la primera vez que llegara tarde en 20 años.
La señora que estaba sentada en la parada le dijo que la línea 4 acababa de marcharse justo cuando él llegó. ¡Mierda!  ¡El bus que él tenía que coger! Tendría que esperar al siguiente…
Se sentó para recuperar el aliento. Fue entonces cuando percibió el olor de sus axilas. Debería al menos haberse puesto desodorante…
Bueno… mantendría los brazos apretados todo el día. ¡Todos los problemas fueran como ese!
Cuando subió al autobús no encontró un solo asiento libre y tuvo que quedarse de pie. Los vaivenes lo zarandeaban, retando a su equilibrio, pero él no iba a levantar los brazos para agarrarse… La chaqueta sobre un brazo, bien alejada de la mancha de grasa de su corbata, que ahora, con el agua de la lluvia, se había extendido sobre su camisa y  llegaba hasta la cremallera del pantalón. En la otra mano y delante de su prominente barriga el maletín, para ocultar los negros lamparones.
Por fin quedó un asiento libre junto a una señora que tenía sentada a una niña pequeña en su falda. Fue en el preciso momento en que acomodó la chaqueta dobladita sobre sus piernas, cuando la niña vomitó.
¡Mierda! ¡La chaqueta!
A las 8:17 exactamente llegó a la oficina sudoroso, mojado y muy nervioso.
La reunión sería en 13 minutos, y aún tenía que ir al baño a afeitarse, limpiar la chaqueta y disimular su calva con el mechón, tomar un café y grabar unos archivos del ordenador para la presentación de su proyecto en la reunión.
Se dirigió primero a su mesa y encendió el ordenador.
¡Mierda! ¿Qué le pasa al ordenador?
Bueno… menos mal que tenía un borrador en su pen-drive. Lo proyectaría directamente en la pantalla de la sala de reuniones. No había que desesperarse.
A toda prisa aplicó una buena cantidad del fijador que siempre llevaba en su maletín sobre el mechón rebelde, limpió la mancha de vómito de la chaqueta y se la puso empapada y con un nauseabundo olor, la abrochó y se miró al espejo. Tuvo que admitir que su aspecto dejaba bastante que desear, pero ya no le quedaba tiempo para afeitarse. ¡Con lo limpio y perfumado que iba él siempre a la oficina, y hoy precisamente…!
Camino de la sala de juntas le quedó un minuto para sacar un café de la máquina. Se lo bebió de un sorbo apresurado y se quemó la lengua hasta la campanilla, pero ese, en breves instantes, pasaría a ser el menor de sus problemas.
Saludados el director general, accionistas, jefe de márquetin, jefe de ventas y personal directivo, inició su charla.
32 pares de ojos lo escrutaban minuciosamente mientras enumeraba los objetivos a alcanzar  y explicaba la viabilidad de su proyecto. Se sentía un poco incómodo, porque todas aquellas  miradas, más que a su cara se dirigían a la gran mancha de su chaqueta. Acto seguido sintió el primer retortijón.
Esa mañana con las prisas no había “dado de vientre” y ya sabía él que sus tripas eran como un reloj suizo: 5 minutos exactos después del café daban la primera campanada.
 ¡Esto sí que era una auténtica mierda!
Empezó a ponerse blanco y un sudor frío le goteó por la frente. Lo siguiente que notó fue un cosquilleo sobre su oreja: con el sudor el mechón se había desprendido de su calva y sus 20 centímetros engominados se balanceaban en caída libre sobre su hombro. A duras penas mantuvo la compostura mientras intentaba aparentar naturalidad.
Se dirigió entonces hacia su maletín que había dejado en el suelo, apoyado sobre la pata de una silla. Se agachó en busca de su pen-drive y con la postura… ¡Aquello sonó como un cañonazo!.
Lo peor vino a continuación, cuando los efectos secundarios del ventoso escape empezaron a flotar en el aire de la sala. 
Su color de cara cambió súbitamente del mortecino blanco al rojo más vivo.
¡Ante todo mantener la calma! De aquella presentación dependía su próximo ascenso.
No podía seguir en tan comprometida posición, así que se irguió y colocó el maletín sobre la mesa. Entre la maquinilla de afeitar, la gomina y algunos papeles, apareció por fin el pen-drive. No quería ni pensar en el lamentable espectáculo que estaba dando.
Con manos temblorosas  introdujo el dispositivo  en el ordenador, conectó el proyector y abrió la carpeta de archivos. Maldijo su tonta manía de renombrar sus archivos no definitivos con nombres de mujer. ¿Qué  le había puesto al borrador inicial, Marta, Ana, Lola o María? Ahora era incapaz de recordarlo.
Probó con Lola.
En la gran pantalla de 2 x 2.50 m. aparecieron a todo color los mejores top-less que había tomado con su móvil el verano anterior, en la playa… Una absurda apuesta entre compañeros de trabajo. Ya había olvidado que los conservaba en el pen-drive.
¡Mierda, mierda y mierda!
El que crea que no hay rojos más intensos que el rojo vivo se equivoca. Su cara pasó por toda la gama mientras escuchaba las carcajadas.
Una hora después salió del trabajo. Su jefe le recomendó que se tomara unos días de descanso.  
Iba caminando despacio hacia la parada del bus, cuando vio la escalera de la tarde anterior y dijo en voz alta…
¡Mierda!
¿Qué habrías  pensado tú?

Adelaida Ortega Ruiz.

24 comentarios:

  1. ¡Dios Mío¡ que día más ajetreado, menos mal que sólo pasó por debajo de la escalera, si se le llega a cruzar un gato negro ¿que le hubiera pasado? Jejeje muy buena, que final de reunión tuvo, como para darle el ascenso…Un saludo..TONY

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  2. Cuando amanece gafe, gafe es todo lo que viene detrás. Sin llegar a tanto como al protagonista de esta bonita y bien contada historia, a todos o casi todos nos ha pasado alguna vez cosas similares.

    Lo del coche que te deja tirado a 5 minutos de una importante reunión, el no haber tenido tiempo de afeitarse, ni ducharse, el complejo de ir hecho un guarro, el llevar la corbata equivocada por andar de prisa, etc. y todo junto.

    No creo que la culpa la tengan ni la escalera ni el gato. La culpa es de la Luna de ese día.

    Bonito relato Doña Adelaida.

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  3. Yo no soy supersticiosa que trae mala suerte...

    Saludos

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  4. jajaja...muy bueno!
    me hizo recordar el dicho: "no creo en las brujas...pero de que existen, existen...."
    un abrazo

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  5. Hola Tony.
    Eso que le pasó sólo fue el principio de la jornada.
    El resto del dia lo dejo a la imaginación del lector.

    Un abrazo.

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  6. Hola Javier.
    Tienes razón en que hay de esos días que pasa todo a la vez.
    De hecho el relato se me ocurrió ayer, que tuve un día de esos (bueno... a mí no me pasaron las mismas cosas que a mi personaje, pero se me trocó todo de tal modo que me inspiró esta aventura).

    Saludos don Tella.

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  7. Hola María.
    Yo tampoco soy supersticiosa. Creo que las cosas pasan porque se combinan así: A veces buenas y malas, otras veces buenas todas y las peores veces se juntan solamente cosas malas.

    Yo paso por debajo de escaleras, he tenido gato negro, he derramado la sal muchas veces y jamás reenvío cadenas de mensajes que te auguran malos presagios si no lo mandas a 20 amigos.
    Sin embargo conozco a alguna gente que sí cree en todo esto.
    Un saludo.

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  8. Gracia Mery.
    No sé si las brujas existen, pero a veces pareciera que un centenar de ellas nos echaran maldiciones, ¿verdad?

    Hay días que todo sale mal.

    Un abrazo.

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  9. Cualquier situación por dificil que parezca es posible de empeorar.

    Saludos y mucha mierda !!!

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  10. Pues sí Máximo, y es entonces cuando nos damos cuenta que lo anterior no era tan malo.

    Me acabo de acordar de un chiste... jeje
    Bueno, en otra ocasión te lo cuento.

    Un abrazo y como se dice en el argot teatral ¡Mucha mierda!

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  11. Jajajajajja.... que gafeeeeee.....
    Pobre hombre, y yo riéndome, pero lo describes todo tan genialmente que pasó ante mí como una película... pero una peli de las buenas amiga.
    No soy supersticioso, pero me cuidaré mucho de las escaleritas... jajajjaja.

    Un abrazo.

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  12. Jajajaja!
    Gracias Emilio.
    ¡Podría pasarle a cualquiera!

    Pero lo peor es que estas cosas a veces suceden aunque no pasemos por debajo de ninguna escalera.

    Cuídate.

    Besos.

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  13. Hola Adelaida,no se lo que ha pasado,si,te daba la enhorabuena por colgar tu pregón en yotube,es merecedor que lo eschuche y disfrute todo aquel que visite tu blog
    Un saludo.
    Pilar

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  14. Me he reído bastante con esta historia de maleficios o mala suerte...
    no creo que se pueda tener un día así de malo, no obstante... la ley de Murphy existe!!!
    Gracias por el humor.
    Un saludo.

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  15. ¡¡¡Vaya, vaya, vaya!!!.......después de todo esto se hará supersticioso hasta de la dirección que corra el aire……¡¡pobre hombre!!
    Enhorabuena muy simpática y divertida la historia
    Pilar

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  16. Hola Sir Bran.
    Supongo que un drama con humor es más llevadero, porque lo que el pobre hombre pasa es un auténtico calvario... jajaja.

    Un saludos muy afectuoso y muchas gracias por asomarte a mi ventana. Ven siempre que quieras; me encantará.

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  17. Gracias Pilar.
    Me gusta sacar el lado divertido de las cosas.

    Como le he dicho a Sir Bran antes, los dramas no dejan de ser dramas, pero con humor son más llevaderos.

    Un beso.

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  18. Amiga ,crucemos los dedos por si acaso jeje este hombre tiene la negrera de la mala suerte encima de el jaja.

    Muy bueno tu post.

    Besos de MA

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  19. Tú lo has dicho, Ma... POR SI ACASO. jeje.

    Me alegro que te haya gustado.

    Un beso.

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  20. Pues yo después de pasar lo del despertador y no arrancar el coche, cuando salgo a la calle y llueve como lo estaba haciendo, me vuelvo a casa, desconecto el teléfono y me meto de nuevo en la cama.

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  21. No creas, que seguramente a él le habría apetecido lo mismo.

    Saludos, anónimo.

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  22. Ya ves, soy como los alemanes: río tarde pero fuerte. Te estoy leyendo poquito a poco. Eres buenísima.Me ha encantado tu sentido del humor, muy parecido al que manejamos por estas costas.
    Saludos.

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  23. ¡Pasto! No sabes qué alegría me das viniendo hasta esta entrada que escribí hace más de 6 meses. Es como si me resucitaras a una criaturita que dormía esperando el beso del príncipe.

    Muchas gracias.
    ¡Ah! Si te gusta el humor, tengo por ahí las Aventuras del Playero de Secano y también las Anécdotas de Nueva Carteya, que son la monda y además inspiradas en hechos verídicos. Si te apetece léelas algún día, que como poco, pasarás un rato ameno, o eso espero.

    En cuanto al humor de esas costas... Cádiz es inigualable; siempre lo he dicho. Ese humor que tenéis ahí es arte puro. Os admiro.

    Un abrazo.

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  24. El titulo tiene su morbo.
    En principio creí que era cosas del teatro, pues como sabes es como se desean suerte.
    Luego y como tu tambien sabes, a los andaluces se nos achaca de que somos superticiosos, motivado a que tenían el concepto de que eramos un poco, no, un poco, no; mucho de analfabetos atrasados.
    Error que ya se ha disipado.
    Yo no soy supertisioso, pero la verdad, la verdad? (no le vayas a vender esta noticia a la Prensa del Corazón). Si hay una escalera en la acera, la rodeo. saludos.

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