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sábado, 5 de febrero de 2011

La fantástica historia de Juanillo, el que susurraba a las hojas de los olivos.

La primavera venía abriéndose camino con los primeros días del Marzo cordobés. Juan se sentó a descansar a la sombra de un viejo olivo. Sacó su fiambrera, su navaja y su botella de agua, y lentamente empezó a comer sin otra compañía que el silencio del campo, sólo roto por el zumbido de algunos insectos que, espabilados por el incipiente sol, revoloteaban por doquier.

Hacía días que había concluido la recolección de aceituna, y ahora se dedicaba a talar y quemar el ramón de su pequeño olivar, enclavado en una de las siete colinas que rodeaban el pueblo.


Miraba al frente ensimismado, mientras comía mecánicamente imbuido en sus pensamientos. Nunca antes se había sentido tan apesadumbrado por las preocupaciones.


De repente miró hacia arriba y observó las verdes ramas sobre su cabeza. Se fijó en que por algunas zonas se tornaban amarillentas. Una brisa suave movía levemente las hojas y la luz se filtraba entre ellas.


Muchas veces, al contemplarse a sí mismo en medio de la naturaleza, había sido consciente de la grandiosidad y la armonía del Universo, y se había sentido partícipe de ella como un elemento feliz que formaba parte de la cadena de la vida. Sin embargo, ese día se sentía abandonado por todo aquel conjunto indolente que anochecía y volvía a amanecer de forma consecutiva e imperturbable, ajeno a sus problemas personales. Su vida se desmoronaba, pero el mundo seguía girando sin percatarse de nada.


Su único y querido hijo estaba enfermo y languidecía poco a poco sin que ningún médico le hubiese diagnosticado el mal exacto que padecía. Lo habían visto distintos especialistas que le habían hecho un sinfín de pruebas infructuosas. Su mujer y él lloraban viéndolo debilitarse y se desesperaban por no hallar la forma de ayudarlo. Siempre fue un niño alegre y sano, que nació tras muchos años de matrimonio cuando ya creían que no tendrían descendencia. El otoño anterior había cumplido trece años y poco después empezaron los primeros síntomas de cansancio y decaimiento. Durante el invierno había perdido mucho peso y ya hasta le faltaban fuerzas para caminar. Temían que no viviese más allá del próximo invierno.


Súbitamente experimentó un arrebato de dolor e ira largamente contenida.


-¡Dichoso tú que vives sin sufrimiento! -Le gritó al olivo que lo guarecía del sol-. A ti nada te importa ni te lastima.


-Dichoso tú que tienes ojos para llorar y boca para lamentarte - resonó un eco que el viento introdujo en sus oídos.


Juan miró a su alrededor, pero no vio a nadie.


-¿Quién anda ahí? – preguntó poniéndose de pie alarmado.


Nadie le contestó.


-¿Quién me ha hablado? –inquirió.


-He sido yo -repitió aquella voz que le traía la brisa-. Llevaba mucho tiempo esperando que hablases conmigo. Hoy por fin lo has hecho.


El hombre, sorprendido, miraba a los lados y tras de sí. Se agachaba y oteaba la lejanía por debajo de las ramas de los olivos, pero no divisaba a persona alguna.


-¿Quién eres tú y dónde estás?


-Estoy aquí, a tu lado, y os he visto crecer, a ti y a tu padre. Te he estado esperando pacientemente, pero ya no me queda mucho tiempo, igual que a tu hijo. Tú puedes ayudarnos a los dos.


Juan, desconcertado, no daba crédito a lo que oía.


-¡Pero tú eres un árbol! -replicó mientras miraba de nuevo a su alrededor, para cerciorarse de no ser víctima de una broma -. ¿Cómo puedes hablarme?


El viejo olivo le explicó que le hablaba a través del viento que agitaba sus hojas, articulando así las palabras que llegaban a sus oídos, pero que sólo aquellos que le habían hablado alguna vez, habían obtenido respuesta. De esta forma comenzó a narrarle una magnífica e increíble historia...


...Que os contaré en la siguiente entrada...

24 comentarios:

  1. me dejaste con la miel en los labios, esta asturiana te manda un besin muy grande y te desea feliz fin de semana.

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  2. No estaría mal que cada vez que hablamos solos nos contestaran...
    Me gusta tiene muy buena pinta...Pero no tardes mucho en la próxima.
    Un beso y que pases un buen fin de semana.Laura

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  3. Quién dice que sólo hablan los humanos?
    Yo, convencido de que todo expresa algún sentimiento: desde el Dios que todo lo hizo de la Nada (seres vivos de los tres reinos que pueblan la Tierra) hasta los astros y planetas situados en los límites imposibles del Universo más alejados de nosotros que son movidos por la Fuerza del Dios de dicho Universo.
    Todo habla, todo expresa, todo comunica.
    Desde el hombre hasta el olivo, árbol sabio por viejo.
    A ver qué más nos dice...

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  4. Una historia que promete y que estaré lista para leer cuando tú lo decidas, espero que no sea muy tarde.
    Un beso.

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  5. Maravilloso, amiga. El comienzo es una preciosidad de relato.Me has dado de lleno antes de leer el desenlace. Te confesaré un secreto: yo también hablo con los olivos; pero no se lo digas a nadie, ¿eh?. Un abrazo.

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  6. Adelaida, el universo de un ser humano se condensa por tus palabras en una colina, bajo las hojas de un olivo que tiene plateadas y verdes hojas, el viento murmura entre ellas y Juan escucha la canción de sus adentros.
    Espero más de este inicio fascinante y hermoso. Bsitooos.

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  7. Buen inicio de relato, con esos detalles pequeños que siempre sujetas alrededor de los personajes y que le dan todo el realismo necesario para ser leído con placer.

    El estilo que usas es magnífico y no lo pierdas nunca. Aburren los relatos pretenciosos por abusar de ornato leterario y cultural. Lo verdaderamente dificil es escribir así. Tienes mucho oficio.

    Felicitaciones y da igual cómo termine porque lo importante es el relato en sí.

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  8. OZNA.
    Muchas gracias por tu comentario. Te deseo lo mismo.
    Besos.

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  9. LAURA.
    Juan no habla solo. Eso es lo que creía él, pero...
    Lo veremos en la continuación de la historia.

    Besos.

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  10. JOSÉ ANTONIO.
    Este olivo es especial... Y veremos el porqué en la próxima entrada.

    Saludos.

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  11. ELENA.
    No será tarde, te lo prometo.
    Besos.

    Pd. ¿Has practicado ya lo de los palillos de dientes? jajajaja

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  12. PASTO.
    Ssshhhhhh!! Que no se entere nadie, o te pasará lo mismo que le va a pasar a Juan, pero eso se desvelará más adelante.

    Saludos.

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  13. NATALIA.

    El Universo del protagonista de esta historia va a cambiar de forma increíble. Lo veremos en la continuación.

    Besos.

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  14. DON JAVIER.
    Honras a esta humilde escribiente aficionada.
    Muchas gracias por tan alentadoras palabras.

    Saludos.

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  15. Uuauu!! me has dejado perplejo con tu imaginación, en verdad hermoso cuento, te felicito por lo bien argumentadop que nos obliga a pensar en un "tal vez pueda ser". Un gran abrazo

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  16. Adelaida, como me haces esto!!!!!!!
    no te demores en la continuacion please!!!!!
    un beso

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  17. Una historia que promete final feliz, aunque tenga un comienzo triste. El olivo, viejo y sabio, como los árboles de Tolkien, seguro que conoce el secreto para solucionar esa grave enfermedad.
    Espero con impaciencia el resto.
    Un beso.

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  18. DRAC.

    Bueno... Eso quisiera yo, tener más imaginación, pero muchas gracias.

    Un abrazo.

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  19. MERY.

    No tardo, amiga. Tu entusiasmo me halaga.

    Muchas gracias y un besazo.

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  20. TERESA.

    Ese olivo guarda los secretos de...
    Más de lo que nadie pudiera imaginar, pero eso lo iremos viendo.

    Besos.

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  21. Vaya... nos toca esperar la continuación :) pues que no se demore mucho que la cosa se pone interesante :)

    Desde luego que la naturaleza nos habla, siempre nos habla, sólo que no sabemos o no queremos escucharla.

    Un abrazo, Adelaida :)

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  22. Hermoso!

    y totalmente mistico, me encanto, vuelvo para la segunda parte.

    Saludos.

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