Caminé arrastrando mi alma, sujeta a mis pies por una cadena invisible. Cientos de personas iban y venían con prisas, cruzaban la calle o esperaban el autobús. Otras paseaban ajenas al drama que tambaleaba mi mundo.
Y yo me caí, me caí del mundo.
Ya no habría más sonrisas para mí, ni fines de semana en la sierra, ni cafés en la terraza del Bar de Anselmo. Vi mi silla vacía; otro la ocuparía para jugar al mus con Pedro.
Mi móvil desconectado; decidí usarlo sólo para emergencias. Tal vez fuera mejor así. Me encerraría en casa y nadie me vería temblar. Lloraría escondido y mis lágrimas de hombre me darían tanta pena que lloraría aún más, lloraría y volvería a llorar hasta secarme por dentro.
Atrincherarme, ocultar mi vergüenza; sí, eso es lo que haría. Pero en la nevera ya sólo habría botellas de Coca-Cola llenas de agua del grifo…
No me daba tiempo a llegar a casa. Iba a llorar ya, sentado en un escalón cualquiera.
¡Ni hablar! La gente creería que soy un mendigo y me darían limosna, ¡A mí, con mi elegante traje de firma y mis zapatos ergonómicos!
Me hirieron, como cegadores flashes, la academia de inglés del pequeño, la ortodoncia de la niña, el gimnasio de Clara, la cuota del club de tenis y ¡mi suscripción al National Geographic!
Tendría que anularlo todo. Bueno… todo no, que la ortodoncia de Marta, en un esfuerzo titánico, haría aflojarse un poco mi cinturón de piel de cocodrilo, vestigio de tiempos mejores, y convertiría mis ceñidas tripas en sacrificado corazón. En eso no había vuelta atrás.
Yo que había sido tan autosuficiente…
Yo, que cuando nos casamos, le pedí a mi mujer que dejara su trabajo para atender la familia como Dios manda…
Yo que había sido tan prepotente, tan gilipollas…
La voz de mi madre se abrió camino desde un rincón de mi cerebro: “el hambre enseña a pensar” –me susurró echándome en cara la falta de previsión de toda mi vida-. Pero a mí sólo me enseñaría a añorar lo que fui y ya no era: influyente, poderoso, joven…

Ahora, cerca ya de mi casa, me detuve. En la esquina me atacó el futuro inmediato con la afilada hoja de su inmediato presente.
La imagen de mi terraza con sus jardineras y su toldo a rayas chocó conmigo como una ráfaga helada en el rostro.
Cuántas veces, mientras el ascensor engullía uno tras otro los pisos apilados, había buscado yo la llave en mi bolsillo, palpando su forma que distinguía con los dedos, mientras mi cabeza se afanaba en solucionar problemas que ahora me resultaban vanos. En aquellos momentos, sin saberlo, yo había sido feliz.
Sin embargo hoy iba a subir a casa sintiéndome pequeño, insignificante… fracasado.
Podía coger ese ascensor hasta la quinta planta y enfrentar a los míos con la dura realidad, o podría seguir subiendo hasta la décima, y allí, desde la azotea, escapar de ella en un instante. Sólo tendría que cerrar los ojos y dejarme ir…
No, no tenía valor, o mejor dicho, no debía ser tan cobarde, porque huir tal vez fuera lo más fácil, y ahora tocaba ser fuerte y enfrentar mi destino… Ese destino que me había sido notificado en un frío trozo de papel.
Clara no se atrevería hoy a hablar de mis paranoias. La debacle nos había alcanzado con sus destructivas garras, y toda nuestra vida se iba a desmoronar.

Adelaida Ortega Ruiz
Por Dios, creí que habían dejado al pobre hombre en el paro. Bueno, mejor así que ya somos demasiados en el INEM.
ResponderEliminarY lo gracioso es que hay gente así, de esa que atrae la mala suerte, que se cree el centro de las desgracias a pesar de que con sólo echar un vistazo hacia atrás, se daría cuenta de que en el fondo son unos privilegiados.
Magnífico relato Adelaida, de esos que mantienen la intriga hasta el final.
Un beso.
Esa era la idea cuando empecé a escribir, Elena, que lo habían dejado en el paro. Después pensé que ya hay demasiados desgraciados así en España, y decidí un final distinto, inesperado incluso para mí.
ResponderEliminarBesos.
Muy bueno,con suspense hasta el final.
ResponderEliminarPobre hombre rico, que pensamientos más malos:)
Pues hay mucha gente que cree ciegamente en esas cosas eh!!
Yo también estoy afiliada al INEM:(
Un beso.Laura
Laura, tú lo has dicho: "Pobre hombre rico".
ResponderEliminarUn beso.
Me temía lo peor, maldita galleta... un saludo.
ResponderEliminarNo he entendido lo de la galleta de la fortuna, pero he entendido muy bien la metáfora de que un problema tapa otro problema. A mi me ha ocurrido, y me ha hecho pensar porque me veía nítidamente reflejado en el pobre hombre que se imagina pidiendo o dejándose rendir.
ResponderEliminarImposible decir más en menos espacio.
Mucho mérito.
Esta tarde me he leido de un tirón las 4 aventuras de tu sufrido playero.:))
ResponderEliminarUn beso.Laura
Sí Mamé, yo también me lo estuve temiendo todo el rato.
ResponderEliminarSaludos.
José Antonio, la verdad es que nunca he comido esas galletitas de la fortuna. Dicen que llevan un mensaje dentro y que predicen la suerte o dan consejos sobre cómo afrontar el futuro.
ResponderEliminarMi personaje de hoy debió encontrar un mensaje catastrófico en su galleta, y era tan aprensivo que creyó ciegamente en el destino que le aventuró el papelito.
Ya ves... llegaría a su casa hundido en la miseria y su mujer se hartó de reir...
Lo cierto es que en este relato he intentado reflejar los sentimientos de algunas personas que se encuentran en esa situación. Sin embargo, no he querido darle un final triste, así que a última hora decidí que el verdadero problema del hombre eran sus paranoias.
Saludos.
Gracias Laura. Ya he visto tus comentarios en las entradas de mi "Playero de secano".
ResponderEliminarMe alegra que te hayan divertido tanto.
Aquella fue una saga que me encantó escribir por dos motivos: porque sucedió realmente y porque son anécdotas divertidísimas del tiempo en que mi marido y yo éramos novios.
Besos.
Hola, bello blog,preciosas entradas,esta última muy acertada sobremanera..te encontré en un blog común,si te gusta la poesía te invito al mio,será un placer,es
ResponderEliminarhttp://ligerodeequipaje1875.blogspot.com/
muchas gracias, buen miércoles, besos.
Creo que realmente el destino esta escrito en un trozo de papel ,en algún lugar del universo desde el día en que nacemos al mundo o mucho antes y los humanos lo descubrimos en el día a día de nuestras vidas...
ResponderEliminarUn placer leer: Mi destino en un trozo de papel.
Abrazos de MA.
Gracias don vito.
ResponderEliminarSerá un placer visitar tu blog. Mi ventana tiene "los postiguillos" abiertos de par en par también para ti.
Saludos.
Puede que tengas razón, Ma.
ResponderEliminarUn beso.
Hola Adelaia,es un lujazo encontrar otra caminante más...el camino como puente de reencuentros..he regresado para quedarme,bellas letras....pasa buena tarde,besos.
ResponderEliminarEste comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderEliminarUnderworld, original comentario y curiosísimas impresiones las que has sacado.
ResponderEliminarMe encanta que puedas tener esas sensaciones, tal vez imaginadas entre renglones, pues un texto que deje la puerta abierta o que incite a vivencias emocionales o imaginaciones más allá de las palabras escritas, es un texto vivo.
Muchas gracias y... las canciones de Sabina buenísimas.
Saludos.
Nota: He intentado visitarte en tu blog, pero tienes el acceso a tu perfil restringido. No obstante muchas gracias por visitar el mío.
Hola guapa...Me ha gustado mucho tu post.
ResponderEliminarUn besazo Amiga.
Gracias Ana. Otro para ti.
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